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Conversando con María
Relatos
Imaginarios
2.-
Con
María, en Domingo de Ramos
¿Sabes,
María…? Faltan pocos días para la Semana Santa, el próximo 4 de Abril
es domingo de Ramos… por misericordia de Dios, este año he tomado mayor
conciencia del sentido de estos días en mi propia vida, por un exquisito
detalle de amor de mi Señor he aprendido a ver, en mi propio dolor, no
una ausencia de Dios, sino una presencia real
de su amor, dándome, en cada momento difícil, la oportunidad de
transitar con él mi propio camino de Salvación….por eso quiero
acercarme hoy a ti, maestra del alma, para que, como mi madre que eres, me
tomes de la mano y me muestres el camino hacia tu Hijo…..
-
El camino hacia mi Hijo, el único camino que vale la pena
transitar… Mi alma quisiera que todos anhelaran ese camino… pero…No
importa, no hablaremos de eso ahora, ven vamos a Jerusalén, que la gente
ya se esta acercando a Jesús y nos costará trabajo abrirnos paso entre
la multitud…
Y te sigo…
¿Qué otra cosa puedo hacer? Si seguirte termina siendo siempre luz para
el corazón, paz para el alma…
Tal como lo
dijiste, la gran multitud que había venido para la fiesta de la Pascua se
enteró de que Jesús se dirigía a Jerusalén…llegamos justo cuando Jesús
estaba montando un asno para entrar a la ciudad… la gente se apretujaba
por acercársele, muchos habían visto la resurrección de Lázaro y daban
testimonio… nos acercamos, vimos a las mujeres de Galilea, silenciosas,
que le seguían a Él por donde fuera…tú, Madre querida, te acercaste
para verlo sin que él lo notara, tenias ganas de abrazarle, de cuidarle,
de atenderle como cuando era pequeño…. Le nombraste “Jesús, amor de
mi alma”… Fue apenas un susurro en el griterío de la gente, apenas si
yo, que estaba pegadita a vos, lo oí con dificultad… Pero el alma de tu
Hijo te oyó, giró la cabeza y sus ojos purísimos y mansos se
encontraron con los tuyos, fue una mirada larga, llena de palabras que
iban de corazón a corazón, por un instante sé que estuvieron en ese
lugar sólo ustedes dos… miles de ángeles inclinaron la cabeza con
respeto, fue una mirada de amor profundo, de entrega sin límites a la
Voluntad del Padre… una mirada de despedida… Luego Él se volvió a
las gentes, el tosco animal inició su marcha triunfal, mientras el pueblo
extendía sus mantos como improvisada alfombra real… las ramas de
olivos, arrancadas por cientos de manos, fueron verdes pañuelos que
saludaban al Mesías, claro, que en ese momento nadie pensaba que los
verdes pañuelos hoy serían ramas marchitas en pocos días, que se quemarían
con el fuego de la indiferencia o el abandono… al llegar a la pendiente
del monte de los Olivos, comenzamos a escuchar de mil gargantas…” ¡Bendito
el que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y Gloria en las
Alturas!”…
Tú
y yo, María, caminábamos entre las gentes, nadie te reconocía, nadie veía
en ti a la mujer por cuyo sí hoy tenían ellos a quien aclamar…
-
Mucha gente- dijiste con tristeza- mucha gente hoy, como en la
multiplicación de los panes o en el sermón de la barca…mas, todos le
dejarán solo en pocos días…
-
Señora- y sentí vergüenza por mi, ya que muchas veces yo le había
saludado desde mi Monte de los Olivos y le había dejado solo después-
cuanto nos ama tu Hijo, cuanto….
-
Mi corazón puede sentir la angustia del suyo, hija mía, al
mirarle, hace un momento, note una mirada triste, aunque no arrepentida de
su decisión, angustiada, mas no por Él sino por toda esta gente,
solitaria, porque su alma sabía que este bullicio es pasajero, decidida,
porque mi Hijo vino para hacer la Voluntad del Padre, valiente, porque
sabia que aún faltaba la lucha final y estaba determinado a vencer pues
su victoria es nuestra única esperanza, una mirada en paz, con la
tranquilidad profunda de la verdadera libertad que es hacer lo que debe
hacerse, aquello para lo que cada ser fue concebido desde el principio de
los tiempos…..
-
Señora ¿Iras a la casa donde se hospedará Él?, es que así le
tendrás mas cerca…
-
No, yo estaré cerca, Él sabe que estoy, mas debo dejarle en
libertad, Él debe cumplir su misión hasta el final… y ambas sabemos la
clase de final…
-
¿Qué siente tu corazón ahora, Madre querida? Perdona la torpeza
de la pregunta, pero…. Es admirable como estas de pié, en silencio, sin
gritos, aun en medio del dolor te mantienes serena… ¿De donde sacas
fuerzas, Señora?
-
Pues del mismo por quien sufro, amiga mía, … Verás, cuando el
ángel me anunció que sería la madre del Mesías, yo sentí que aceptar
era como dar un gran salto al vacío, pero sabía que mas vacía quedaría
si me negaba…Desde ese momento hasta hoy he pasado por muchísimas
circunstancias que me han ido
enseñando quien es en realidad este Hijo mío, que es mío pero no me
pertenece… aprendí que ser su mamá era sólo ser un puente, que mi
“sí” unía su decisión de salvar la humanidad con la humanidad
misma, pero nada mas… no me asistía el derecho de anteponer mis
sentimientos a su misión salvadora, debía aprender el valor de la
renuncia, debía aprender que, la única manera de estar junto a Él era
estar desde lejos…
-
Señora ¿Qué debe aprender mi alma de este día?
-
Debe aprender que es fácil reconocerle y amarle cuando todo marcha
bien, que no es gran merito aclamar
su nombre cuando todos lo hacen y “queda bien”… debes recordar que,
después de cada Domingo de Ramos viene el Jueves Santo, y el gallo también
cantará tres veces para ti….
-
¿Qué hacer, entonces?
-
Seguirlo siempre, aun en medio de tu propio dolor, ver que te
espera detrás del sufrimiento, que no te deja sola, que está contigo,
sobre todo cuando tu crees que está lejos…Recuerda siempre que él te
amó tanto que padeció todo esto por ti, para que tuvieses vida eterna…
Seguimos
a Jesús hasta que llegó a la ciudad, luego él fue al Templo, Maria quedó
contemplándole desde lejos… Antes de entrar al recinto Jesús la miró
desde lo profundo del alma, su mirada era… indescriptible, una extraña
mezcla de amor, tristeza, paciencia y soledad… En pocos días todo habría
terminado y, al mismo tiempo, todo habría comenzado....
-
Hija querida- dijiste mientras me abrazabas con ternura- espero que
tu corazón haya aprendido, haya crecido, haya conocido de cuanto es capaz
el amor de Dios... aunque, hija mía... la verdadera dimensión de ese
amor no puede ser comprendida en este mundo...
-
Gracias, Señora mía, por este tiempo que nos dedicas a tus
hijos.... gracias....
Y
te fuiste... te fuiste y te quedaste al mismo tiempo...., como dice la
Escritura, nadie puede separarnos del amor de Cristo... y, por
consiguiente, señora mía, tampoco nadie puede separarnos de tu amor....
Amigo,
amiga que lees estas líneas... ten un Domingo de Ramos acompañado de María
NOTA:
"Estos
relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi
imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído.
Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones
o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar
los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a
la imaginación de la autora, sin intervención sobrenatural alguna."
María
Susana Ratero, susanaratero@arnet.com.ar
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